Las fiestas de fin de año y ¿el autocuidado?

Cuando creces pensando que lo más importante es el vínculo por encima de las implicaciones futuras comienzas en un bucle en el cual, priorizarse es imposibles, las necesidades del otro suelen ocupar un lugar primordial por encima de las tuyas. Leerlo es simple pero en la práctica se ve cuando una mamá pospone sus momentos de descanso por cumplir con las obligaciones de los hijos, en el trabajo cuando un compañero termina el reporte de otro para que el jefe no note su falta de cuidado, en los amigos; cuando eres el que los buscas darles el tiempo y ellos no hacen por corresponder con las mismas atenciones.

 A final del año, uno siente la necesidad de ir con la familia, pasarla en casa mientras que, en año nuevo, buscamos a los amigos u otro tipo de círculo para festejar. Es en este momento es cuando llevamos la agenda al límite con posadas, festivales, eventos, obras de caridad debido a que piensas, no nos vimos en todo el año, al menos para el día de acción de gracias o nochebuena estaré presente. Pero ¿qué pasa cuando las reuniones se hacen más desde la obligación? Las «obligaciones» encubiertas representan la periferia de nuestro límite que vamos posponiendo día a día, es por eso por lo que al final de año, no es de extrañarse que los psicólogos noten un aumento en sus consultas por el convivir con vínculos familiares donde florece la cuna de las situaciones que dejamos pasar en el año. El primero de enero de cada año es aquel que se llena de buenos deseos como bajar de peso, hacer ejercicio, inscribirse alguna actividad extra, comenzar una afición. Siendo honestos tenemos todo el año para iniciar con un proyecto, con una meta, no es necesario esperar al día primero de enero para iniciar.

Muchas festividades están marcadas para incentivar el consumo siendo una prioridad reflexionar sobre uno mismo, cuales sería una verdadera forma de agradecer y cerrar el año. Sí el consumo masivo de llenarnos de regalos y compromisos son valor nutricional para nuestra alma o asistir a sin fin de eventos con temáticas navideña, año nuevo, reyes magos, amor y la amistad, madre o del padre. Pretextos siempre vamos a encontrar si se trata de gastar, pero la verdadera inversión comienza con uno mismo. Inicia un nuevo año en el calendario y cada día marca la oportunidad que tenemos para levantarnos y hacer un momento de pausa, pensar si tal decisión o rutina está encaminada algún resultado favorable, ¿estamos caminando en la dirección que marca nuestro corazón? o vamos por la vida pensando en el «qué dirán», «no me lo puedo perder», «todos van a reunirse menos yo». En general, las festividades con una temática benefician para concentrarse en un solo hecho y formar lazos, tradiciones lo cual es favorable siempre y cuando no se sobrepase el límite que deje el autocuidado de lado.

En esos momentos donde se vive la euforia por navidad, año nuevo, reyes o cual sea la temática, el punto de partida siempre debe ser uno como persona. Ya cerramos el año, iniciamos uno nuevo y en los próximos días veremos corazones y cupidos por las calles a causa del día del amor y la amistad. Más allá del consumo, podemos verlo como una oportunidad de crecer internamente.